Aristóteles es un filósofo de
la antigua Grecia que ha influenciado el pensamiento del hombre desde hace más
de veintidós siglos, escribió más de 200 tratados en el que se incluye la “Poética
de Aristóteles” documento de suma relevancia en el quehacer escénico, dado que
es el primero que se conoce para establecer cánones estéticos para considerar que
una pieza escénica es en verdad una obra artística teatral.
Leer sobre su vida y obra no
sólo es inspirador porque en su contexto se fundó el inicio del pensamiento
académico que hoy conocemos, sino además porque ser artista en aquella época no
sólo era una responsabilidad social, sino un honor político.
La “Poética de Aristóteles” es
un documento que caracteriza la tragedia griega e intenta establecer las normas
estéticas que se debían observar a la hora de ver, hacer o querer comprender
cualquiera de estas largas puestas en escena; habla someramente de la comedia y
otros géneros clásicos. En definitiva el documento se presta para entender que
la estética como ciencia es tan antigua como el conocimiento ancestral del
hombre.
La “Estética” es una ciencia
que explica de qué manera surge la belleza entre los hombres, de cómo ellos la
contemplan y si en verdad de manera racional y emotiva la aceptan; la tarea de
un artista no es más que la de un esteta, pero es esta faceta de la creación la
que obliga a un artista, a uno verdadero; a estudiar las diversas posibilidades
históricas que ha traído consigo el planteamiento de la belleza por medio de
las obras de arte; es una consciencia de estudio la que entregará los recursos
sensibles y racionales para seguir creando, para seguir evolucionando y sobre
todo para impedir que el arte vivo muera por causa de la tecnología.
Estructura artistótelica
Es muy conocida la noción de
que toda obra dramática debe tener un efecto catártico que permita que los
espectadores purguen sus pensamientos, emociones y reflexiones observando los
problemas y conflictos de los personajes de una obra de teatro. “Catarsis” es
aquel momento de liberación en el que las personas que se exponen a la
contemplación de una obra escénica experimentan emociones que se conectan
necesariamente con lo que piensan, sienten y son; puede ser esta catarsis risa
o llanto, o temor fundido con expectación; finalmente lograr la catarsis se
volvió una tarea obligada de todos los artistas que proponen una obra escénica.
Para lograrlo según el
criterio de Aristóteles como perfecto observador y nunca como creador se debía
observar una estructura dramática en la que la historia contada dividiera los
episodios en los que se narra el cuento, INICIO o planteamiento de los
conflictos de la obra y de los personajes; NUDO o desarrollo del conflicto,
confrontación de los personajes antagónicos y protagónicos y DESENLACE, o final,
moraleja o resolución de los conflictos, en qué terminan los malvados, los
buenos y en general el cierre situacional de cada uno de los acontecimientos de
la obra.
Toda obra desde aquella época
atiende esta estructura y escapar de este efecto dramático es prácticamente
imposible pues todas las obras atraviesan por estados dramáticos como los
descritos por Aristóteles; por ello se llama al trabajo dramatúrgico o
guinístico obras artistótelicas; aunque hay autores que plantean rupturas aún
en la práctica muchos críticos insisten en que el “efecto aristotélico” es
imposible de abandonar. Por ello no sólo los directores o escritores deben estar conscientes de la importancia de Aristóteles, sino los actores que son artistas de la imitación de la naturaleza, conocerlo es ponerle punto de inicio al camino largo que por la historia hay que atravesar para lograr comprender el teatro que hoy hacemos.
